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¿CÓMO NOS EDUCAMOS COMO ADULTOS?

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Quizás a alguno le sorprenda esta pregunta, pues se da por hecho que padres y profesores ya estamos formados y que algo tan elemental como educar a un niño lo sabe hacer cualquiera. De hecho nadie nos pide ningún título ni formación para ello, más allá de los contenidos que tenemos que impartir en la escuela. Solemos repetir esquemas que recibimos en su día de nuestros mayores, asumiendo que se ha hecho siempre así y porqué no seguir.  Y así andamos, repitiendo errores una y otra generación, asumiendo que es lo que toca.

 

Si salimos de la percepción más cotidiana de nuestros hijos y alumnos, donde todos nos enzarzamos en el lávate los dientes, haz los deberes, come con la boca cerrada, apréndete esto, tráeme los deberes…Si miramos mas allá de esto, tenemos a nuestro cargo un ser UNICO, y de nosotros depende que ese “personajillo” saque a la vida todo su brillo o se vaya volviendo poco a poco gris, sin saber muy bien que pasó en el camino.

Para querer aprender algo, el primer paso es ser conscientes de que NO SABEMOS algo, sino difícilmente nos acercaremos con la humildad necesaria para hacerlo. Muchas veces esperamos a encontrarnos en situaciones desesperadas, con adolescentes que se convierten en extraños, o conflictos cotidianas con los más pequeños que igualmente se nos van de las manos.

¿Que hacer cuando me he dado cuenta de que el “chorreo” que le ha caído a mi hijo era consecuencia del que me han echado a mi en el trabajo…?

¿Como voy a cuidarles si no sé yo cuidar mis necesidades de descanso, ocio o nutrición; todo aquello que me llena de vida?

¿Cómo confiar en ellos y en la vida cuando todos los mensajes que nos llegan de fuera están llenos de miedos?

¿Cómo comunicarme con él y ponerle límites sin que se sienta atacado o se ponga a la defensiva?

¿Cómo afecta la relación de pareja a esta educación y cómo puedo mejorarla?

¿Cómo acompaño con respeto lo que es, sin que se convierta en un tirano o se sienta intimidado?

¿Debo ser igual con cada hijo y alumno o cada uno me pide que sea diferente, pues ninguno de ellos es igual al otro?

Podíamos encontrar entre todos infinitas preguntas como estas, pues los niños nos ponen día a día frente a nuestros límites y hacen visibles nuestras grietas.

Frente a esto podemos hacer dos cosas:

1) Echarles la culpa a ellos y lamentarnos día y noche por el menor “díscolo” que nos ha tocado y que nos amarga la vida.

2) Hacerme responsable de ese conflicto y buscar cuales son las herramientas o miradas que debo “sanar” en mi para sanar y mejorar esa relación que, cuando funciona, nos hace tan felices.

Si soy capaz de sanar en mí todo lo que a diario se me “atraganta”, si puedo quitar de mí los pesos que la vida o que alguien me puso un día, si dejo mis miedos a un lado y empiezo a ser ese yo que siempre he querido ser, TODO eso llegará igualmente  a los niños, pues nosotros somos el tronco de donde se nutre la rama que son ellos y es nuestra responsabilidad hacerlo.

Si ordenamos lo que somos se ordena todo lo que hay a nuestro alrededor, pues el mundo exterior está hecho del reflejo de nuestro mundo interior.

Esta es una invitación a formarnos como padres y profesores, no para ser el mejor “profesional” del ramo, sino para ser el mejor ejemplo que los niños tengan delante, y llevar eso que somos a todos los campos de la vida para disfrutarla y llevar ese disfrute a su vida:

¡¡¡ EDUCAR ES AUTO-EDUCARSE!!!

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