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¡Ha comenzado el curso! ¡No te pierdas de ti!

Se ha iniciado el curso, y con él las rutinas que unos meses antes dejamos atrás. Alumnos, padres y profesores hemos tenido que meternos de nuevo en el corsé de los horarios. Ha costado, pero ya está hecho. Algunos traíamos buenos propósitos para el nuevo año que realmente empieza ahora. El relajo del verano y el cambio de aires nos había proporcionado un cierto confort vital que había hecho que nuestros pensamientos fueran más positivos y confiados: ¡Este año va a ser mejor!

No te pierdas de ti.Pero tan pronto como uno se conecta de nuevo al despertador y al aprovechamiento del tiempo nos volvemos un poco autómatas, imprescindible para atender todo lo que nos pide el día. Sin darnos cuenta, nuestra buena onda se ha ido, y nos encontramos diciéndonos: ¡Si es que no puedo! ¡La culpa la tiene..! ¡Pobre de mi..! ¡Más le valía a fulanito cambiar! ¡Si es que nadie me entiende! ¡Siempre me pasa lo mismo! ¡Nunca saldré de este rollo! ¡Cambiar es imposible!

¿Te ha pasado esto alguna vez? A mi sí. ¡Desde luego que sí! ¡Nada nuevo bajo el sol! Perder la fe en uno mismo forma parte inevitable de la vida, y es toda una conquista volverla a ganar.

El diagnostico es claro. Como me dice mi amigo Berni:

¡Te has perdido de ti!

 

Esto equivale a decir que en la atención a tanta demanda externa, acumulada y a veces frenética, te has olvidado de atender lo que eres y necesitas. Craso error, pues nadie lo va a hacer por tí; nadie sabe lo que realmente necesitas cuidar para sentirte bien.

Por eso al igual que apuntas en tu horario semanal las visitas al dentista, o las clases de piano, deja un hueco cada día para tí.  Considéralo como un paréntesis de mimo decidida y sanamente egoísta ¿por qué no? Regálate unos minutos para sentirte. No hace falta que hagas un concienzudo registro escrito de todo lo que te viene como resaca del día. Solo párate y escuchate. Seguro que acuden a tí muchas cosas que te hubiera gustado hacer de otra forma; que sabes que podías haber hecho mejor. Nuestra lista de cosas que podemos mejorar suele ser interminable. Pero no es lo que te planteo un tiempo de autocastigo ni culpa, sino de buscar la mejor compañia que tu puedas ser para tí mismo.

Háblate como te gusta hablar a los demás cuando los cuidas, ¿te lo mereces menos que ellos? Date permiso para sentir lo que sientes; sin pelearte con lo apropiado o inapropiado de ello. Acepta que en cada momento será una cosa diferente (alegría, tristeza, miedo, orgullo, amor, seguridad, juego…). Anota lo que vives y dalo todo por bueno. Mucho más importante que encontrar soluciones, que sin duda llegarán con el tiempo, lo más importante es que aprendas a vivir contigo; a saber de tí, a encontrarte en tí. No será fácil, pero nada te dará una satisfacción mayor.

Este nuevo curso ¡no te pierdas de ti!

Porque el que se tiene a sí mismo,

tiene la vida en sus manos.

 

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