Debemos adaptar los contenidos y sus estrategias a la edad y proceso madurativo del niño. Desde el niño hacia el currículum y no al revés.
Demos tiempo y respeto a su desarrollo.
A En infantil y primaria la escuela debe ser una prolongación del hogar, acogedora y respetuosa con la condición natural del niño y adaptar sus programas, no a lo que tienen que saber sino a lo que pueden entender. El saber debe conectarse con la vida cotidiana y con la experiencia a fin de que tenga para ellos sentido.
B En secundaria debemos buscar una mayor participación y expresión del adolescente, pues este busca su sitio en la sociedad que ya vislumbra y que, desde su enfoque, puede y quiere mejorar.
Hoy en día la información más actualizada y precisa está al alcance de todos gracias a las nuevas tecnologías. Enseñemos a gestionar dicha información, a hacerse preguntas, ser críticos y a valorar la aportación de cada uno del grupo.
Ajustemos los contenidos que se imparten, dejando un espacio de participación y expresión creativa.
C Eduquemos en la diversidad. No todos tenemos la misma forma de acercarnos a los contenidos, ni son iguales nuestras capacidades. Busquemos la forma de trabajar con ellas. Quitemos la competitividad del proceso educativo y demos a cada uno las herramientas y espacio que necesita para descubrir su potencial y aportarlo al grupo.
El curriculum escolar en todas las etapas del niño tiene que recoger el respeto y amor a la tierra, los animales y todo lo que habita en ella. Aprendamos a respetar nuestro cuerpo y el suelo que nos sostiene e integra, el conocimiento de la naturaleza, sus ciclos y leyes y nuestra conexión con ella.
También necesitamos el aprendizaje del silencio, la respiración, el aquí y el ahora, la consciencia de nuestro cuerpo y serenarnos en él.
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